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Moral de la persona: las virtudes

TEMA 12. SEXUALIDAD Y CASTIDAD

La sexualidad, dimensión esencial del ser humano, tiene un sentido que debemos captar por medio de la razón y de la fe. Para orientar la sexualidad de acuerdo con su verdadero significado, de modo que su ejercicio perfeccione a la persona, es preciso vivir la virtud de la castidad en las diferentes situaciones de la vida.


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  • TEMA 14. PECADOS CONTRA LA CASTIDAD

    30:14|
    El estudio de los pecados contra una virtud tiene como finalidad formar nuestra conciencia para saber qué está bien y qué está mal, pero pretende sobre todo alejarnos del mal, darnos los remedios oportunos para no caer en las tentaciones, y ayudarnos a confiar siempre en la misericordia de Dios y en su gracia, para que ante las caídas que puedan darse en nuestra vida reaccionemos siempre con la esperanza de la victoria, que se apoya en el amor de Cristo por nosotros.
  • TEMA 13. LA EDUCACIÓN EN LA VIRTUD DE LA CASTIDAD

    36:22|
    Como todas las virtudes, la castidad necesita ser educada, y para ello requiere un ámbito educativo en el que se considere la virtud como camino hacia una meta: la perfección de la persona y el amor a Dios; necesita verdaderos modelos en los que inspirarse; y precisa, por último, la amistad con otras personas que participen del mismo ideal.
  • TEMA 11. ESTUDIO TEOLÓGICO DE LA TEMPLANZA

    32:11|
    Aunque tratamos de no separar totalmente la consideración filosófica de la teológica en el estudio de cada virtud, nos centraremos ahora más directamente en las enseñanzas de la Revelación sobre la templanza, y en la transformación de esta virtud al pasar del ámbito del pensamiento grecorromano al ámbito de la moral cristiana.
  • TEMA 10. LA NATURALEZA DE LA TEMPLANZA

    42:28|
    La persona humana es espiritual y corpórea. No ama solo con el alma, sino con todas sus energías espirituales, psíquicas y corporales. Pero necesita encauzarlas y dirigirlas hacia el objetivo señalado por la razón y la fe. La virtud de la templanza realiza esa misión respecto a las pasiones más vehementes de la persona humana, las que se relacionan directamente con la conservación de la vida y con la procreación. Las pasiones menos vehementes son ordenadas por otras virtudes subordinadas a la templanza.
  • TEMA 9. ESTUDIO TEOLÓGICO DE LA FORTALEZA

    37:26|
    Como hemos hecho con la prudencia, vamos a estudiar ahora la fortaleza en la Sagrada Escritura y en la teología moral. El objetivo es comprender la transformación de esta virtud (como de las demás virtudes humanas) cuando entra en el organismo de las virtudes cristianas, es decir, bajo el dominio de las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo.
  • TEMA 8: LA NATURALEZA DE LA FORTALEZA

    33:07|
    Cuando nos planteamos conseguir un bien difícil, se despiertan en nosotros determinados sentimientos o pasiones: la esperanza, la audacia, el temor y la ira. Alcanzar ese bien resulta, en muchas ocasiones, una tarea ardua; en algunos casos, hay que afrontar peligros graves y superar el miedo a perder la vida. La fortaleza nos capacita de modo especial para buscar el bien en esas situaciones.
  • TEMA 7. EL AMOR A UNO MISMO: HUMILDAD Y DESPRENDIMIENTO

    51:16|
    Iniciamos ahora el estudio de las virtudes morales, que perfeccionan a la voluntad y que nacen de la inclinación natural a amar el bien y, más concretamente, a uno mismo, a los demás y a Dios. Esta tendencia ha sido puesta por Dios en el corazón del hombre para que le busque y le encuentre como Bien Sumo, y responda libremente a su amor. Las virtudes morales perfeccionan a la persona para amar. Pero el bien más inmediato es uno mismo, y por tanto, el amor más básico y primordial es el amor de sí, que es contrario al egoísmo. Ese amor es la condición de todas las virtudes morales.
  • TEMA 6. ESTUDIO TEOLÓGICO DE LA PRUDENCIA

    49:21|
    La prudencia cristiana es específicamente distinta a la de cualquier otra ética o religión. Es la prudencia perfecta, la prudencia de Cristo, con quien todos los hombres deben identificarse. En el cristiano va unida a las virtudes teologales y a los dones del Espíritu Santo.