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kaizen con Jaime Rodríguez de Santiago
#276 Coreografia del Caos (I): ¿Existe el azar?
📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/276-coreografia-del-caos-i-existe-el-azar/
Hay un zumbido que es el sonido mismo de la muerte. El animal que lo emite ha matado a más seres humanos que cualquier guerra. Más que dictadores, bombas y pestes. Y es que el mosquito es, probablemente, lo más letal que ha existido nunca sobre la faz de la Tierra. A excepción de los humanos, claro.
Para entenderlo, vámonos a 1904, a un pueblo cualquiera. La verdad es que da igual si es en África, en la India, al sur de Italia o en las marismas de media Europa. Imagina una casa con el suelo de tierra. Y dentro, una mujer sentada junto a un niño que lleva cuatro días con fiebre.
Tanto ella como todos los vecinos del pueblo saben lo que va a pasar. Lo han visto antes. Saben cómo empieza, cómo sigue y cuántos días quedan. Lo que no saben es cómo evitarlo. Sólo queda esperar.
A menos de cien metros de la casa hay una charca. Pero nadie en ese pueblo ha pensado jamás que esa enfermedad tan terrible tenga algo que ver con ella.
Sin embargo, a miles de kilómetros de allí, en la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, hay alguien que sabe que sí están relacionadas. Un hombre de cuarenta y siete años, que está haciendo algo inesperado para un médico.
Porque no está viendo enfermos. Ni mirando por el microscopio. Ni preparándose para una operación. No. Está llenando hojas y hojas de papel con ecuaciones que no le salen. Lleva meses así y está ya desesperado. Porque ese lápiz y esas ecuaciones son lo único que puede salvar a los niños moribundos de todos esos pueblos.
Aquel médico se llamaba Ronald Ross. Dos años antes, en 1902, había recibido el Nobel de Medicina por demostrar algo que nadie sabía hasta entonces: que la malaria la transmitían los mosquitos. Había encontrado el parásito y se había convertido en uno de los científicos más famosos del mundo. Podría estar dando conferencias y recibiendo medallas. En su lugar, estaba como un estudiante cualquiera, atascado con un problema de matemáticas.
Pero es que Ross había comprendido algo: si el bicho asesino era el mosquito, entonces la solucion ya no era médica, sino geográfica. Para salvar a esos niños había que secar las charcas. Pero... ¿hasta qué distancia? ¿A cien metros de los pueblos? ¿A un kilómetro? ¿A diez?
Y la respuesta tenía que ser precisa. Porque cada metro de más en el cálculo podía ser un esfuerzo imposible para las economías de muchos países... pero cada metro de menos podía costar muchas vidas.
Así que Ross se plantea una pregunta muy concreta: supongamos que un mosquito nace en un punto determinado. ¿Cuál es la probabilídad de que acabe muriendo a una distancia dada de su lugar de nacimiento?. O en otras palabras: ¿dónde termina el cadáver de un mosquito que no sabe adónde va?
Es una pregunta más difícil de lo que parece. Tanto, que tras meses peleándose con ella, Ross acaba desesperado y decide pedir ayuda. En julio de 1904 escribe a un estadístico. Y no a uno cualquiera. Escribe a Karl Pearson, un hombre con un talento sobrenatural para dos cosas: la estadística y hacer enemigos. Tenía fama de ser el matemático más brillante y el más temible de Inglaterra en esos años.
Pearson lee el problema y lo transforma. Se olvida del mosquito, de la charca,de la fiebre y del niño. Lo deja reducido a su esqueleto más básico y más general. Y se pregunta lo siguiente: «si alguien da un paso en una dirección cualquiera; luego gira hacia donde le dé la gana y da otro paso; y vuelve a hacer lo mismo, girar y avanzar, una y otra y otra vez... ¿a qué distancia estará del origen después de n pasos?» A este problema, Pearson le puso un nombre que pasaría a la historia: el paseo aleatorio.
Y parece una tontería, pero no lo es :)
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277. #277 David Alayón - Diseño de futuros mejores: ficciones, protopías y cosas que nos unen
59:55||Season 9, Ep. 277📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/277-david-alayon/Inauguramos las entrevistas en esta novena temporada del podcast con un viejo conocido: David Alayón. Aunque es curioso, porque él no había pasado por aquí a solas aún. Lo hizo hace mucho tiempo, junto a Mónica Quintana, para hablarnos de cómo reinventar nuestros perfiles profesionales y estar en constante evolución.Muchos conoceréis a David de Heavy Mental, el podcast que tiene junto a Miki y Javi Recuenco. Pero además es emprendedor, tecnólogo y experto en innovación. De hecho, Forbes lo eligió como uno de los 40 mejores futuristas de España. Que, por si hay alguien despistado, no es lo que hace la gente esa que echa el tarot; sino que trata de pensar de forma estructurada y racional sobre cómo va a evolucionar el mundo que nos rodea.Y aunque lo cierto es que uno nunca necesita ninguna excusa para sentarse con David a charlar de lo que sea, porque es un tipo realmente interesante, en esta ocasión teníamos motivos para centrarnos en algo apasionante: cómo diseñar futuros mejores. Primero, porque hace unos meses David publicó un libro titulado Tiempo de futuros, que te recomiendo encarecidamente si te gustan estos temas. Pero, además, porque va a dirigir un curso sobre todos estos temas en Universo 42. Aunque no me enrollo más y sólo espero que disfrutes, tanto como yo, de esta conversación con David.
Muy pronto... kaizen T09
04:19||Season 9La semana que viene comienza la novena temporada de kaizen. Me parece una locura. Hace unas semanas desempolve el micrófono y las neuronas y me puse a preparar nuevos capítulos. Mientras lo hacía, por temas burocráticos de esos que odio a más no poder, tuve que rebuscar en mi archivo las cifras de cómo había ido creciendo el podcast a lo largo de los años. Y siempre que lo hago vuelvo a sorprenderme.La primera temporada acabó con algo que a mí me parecía impensable ya por entonces: 100.000 descargas; las mismas que ahora suceden cada mes, más o menos. Sois más de 200.000 suscriptores en todas las plataformas y llevamos, a lo tonto, 8.000.000 de descargas. Es maravillosamente absurdo.Aunque hay una cifra que me da mucho más vértigo que todas éstas. Porque este verano me he encontrado con oyentes del podcast en los lugares y momentos más inesperados: paseando por la calle, recogiendo un coche de alquiler en Sevilla, en una piscina de Huelva... Y alguno me dijo algo que a veces me decís: que había escuchado todos los capítulos del podcast. He echado el cálculo. Eso son casi 7 días consecutivos, sin parar ni para dormir, aguantando mis turras. Nunca sé si dar las gracias o pedir perdón.El caso es que todo eso me genera siempre una sensación de enorme responsabilidad. ¿Cómo responder a esa confianza? Y no lo tengo nunca claro, porque, además, el podcast ha ido cambiando en todos estos años: los temas, el tono, la velocidad... todo ha ido adaptándose a lo que yo iba aprendiendo y a las cosas que me han ido interesando en cada momento. Bueno, y a los malabares que a veces supone escribir y grabar capítulos entre viajes, familia y la vida en general.Aunque bien pensado, supongo que en el fondo esa es la respuesta: mi compromiso es seguir aquí, semana a semana, tratando de traerte cosas que estimulan mi propia curiosidad y mis ganas de aprender. Que no tengo del todo claro cuáles van a ser esta temporada, aunque sí hay algunas que ya he pensado. Vamos a hablar bastante del orden que esconde el azar, de las cosas que ignoramos a nuestro alrededor, del futuro, de algunas vidas ilustres, de la influencia y el poder, de lo que cambia y de lo que no cambia en tiempos de inteligencias artificiales, de ansiedad, de estatus y de nuestros lados más oscuros... entre otro montón de cosas que aún no he llegado a imaginar. Pero acepto sugerencias. Puedes hacérmelas llegar, igual que tus notas de voz con preguntas o comentarios, al teléfono del podcast. O a través de mi web, que de vez en cuando me escribís por ahí y me hace siempre mucha ilusión.Por cierto, que otra cosa que ha sucedido estos años es que el podcast ya no es sólo un podcast. No es sólo que los capítulos salgan también en vídeo en youtube, sino que la newsletter ha crecido bastante y sois 5000 suscriptores los que recibís una dósis extra de curiosidad compulsiva cada semana. Si no eres una de esas personas... lo mismo te apetece apuntarte. Porque también hemos empezado a preparar los temas de esta temporada y vamos a hablar de cosas tan fascinantes como el olvido, la creatividad, el sistema educativo, la estructura de las civilizaciones o técnicas para pensar y abordar mejor todo tipo de problemas y decisiones.Y, bueno, además de todo esto, tengo algunas ideas sobre formatos y canales nuevos con los que quizás hacer algunos experimentos esta temporada. Pero como también tengo cierta tendencia a ponerme objetivos absurdamente ambiciosos... me los voy a guardar para mí hasta estar seguro de que soy capaz de hacerlos.En fin, no me voy a enrollar mucha más, pero no quiero terminar hoy sin lo más importante de todo: dandoos las gracias. Porque todas estas locuras serían imposibles sin quienes escucháis mis frikadas semana tras semana, sin los patrocinadores que confían en el podcast y, sobre todo, sin quienes formáis parte de la Comunidad kaizen y apoyáis todos estos proyectos.Gracias de corazón a todos y a por una temporada más. ¡Hasta la semana que viene!
275. #275 Amoris Laetitia: la conexión humana
19:29||Season 8, Ep. 275📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/275-amoris-laetitia-amor-compasion-y-humanidad/Hace unas semanas dedicamos la segunda newsletter de Universo 42 a una pregunta muy concreta: «¿Qué nos hace humanos?». Y es que en tiempos de Inteligencias Artificiales, esa pregunta parece más relevante que nunca. Porque curiosamente, a lo largo de la historia, hemos tendido a confundir inteligencia con humanidad —a pesar de que no nos han faltado ejemplos de personas con una inteligencia desmedida y una humanidad cuestionable.Y a medida que las máquinas conquistan territorios cognitivos, esto nos obliga a pensar en qué es lo que realmente nos define; que seguramente sean otras cosas, como el juicio moral, gestionar la ambigüedad, el afecto y la empatía, la intuición y la creatividad, y, por supuesto, la capacidad de resolver problemas complejos que no se nos habían planteado antes. No te voy a contar mucho más de esa newsletter, porque siempre puedes leerla, y para eso te la voy a dejar en las notas. Pero casualmente, por esas mismas fechas, el Papa sacó una encíclica — que es una especie de newsletter solemne y centenaria —, que tituló Magnifica Humanitas y que dedicó básicamente al mismo tema: cómo custodiamos lo que nos hace humanos.Y en esos temas andaba mi cabeza, cuando una amiga vino a decir que lo de Magnifica Humanitas está muy bien, pero que había otra mucho mejor, llamada Amoris Laetitia. Confieso que, como alguien que fue adolescente en los 2000 lo primero en lo que pensé fue en Laetitia Casta, pero resulta que ese título significa «La alegría del amor». Y a ese tema, que no puede ser más humano, vamos a dedicar el último capítulo de esta temporada.
Q&A17: el hype de la IA, educación, teorías universales, libertad, humor e inteligenca
35:01||Season 8📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/q017-qa17-el-hype-de-la-ia-educacion-teorias-universales-libertad-humor-e-inteligenca/¿Sabes eso que suelo decir de que siempre respondo pero a veces tardo un poco... y a veces mucho? Pues eso, exactamente, es lo que me ha pasado con las preguntas que habéis estado mandando. No tengo mucha excusa, más que llevo unos meses un poco locos y se me ha acumulado plancha. Pero no quería terminar la temporada sin responder a algunos de vuestros últimos mensajes.
274. #274 Marcos morales: un mono cabreado, un capitán de barco y un psicólogo anti-empatía
20:51||Season 8, Ep. 274📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/274-marcos-morales/El 5 de julio de 1884, a unas mil seiscientas millas náuticas del Cabo de Buena Esperanza, navegaba rumbo a Sídney un pequeño barco inglés llamado Mignonette. Lo tripulaban cuatro hombres encargados de entregarlo a su nuevo dueño en Australia: el capitán Tom Dudley, hombre religioso y padre de familia; su segundo, Edwin Stephens; el marinero Edmund Brooks; y un grumete de diecisiete años en su primer viaje, llamado Richard Parker. Quédate con ese nombre.Aquella tarde una ola enorme arrancó parte del casco y el barco se hundió en cinco minutos. Los cuatro saltaron a un bote salvavidas de apenas cuatro metros, con un par de latas de conservas y ni una gota de agua dulce. Sobrevivieron racionando las latas y una tortuga que cazaron, pero la comida se acabó pronto y lo peor era la sed.Desesperado, Richard Parker empezó a beber agua del mar, deliró y, a los diecinueve días del naufragio, agonizaba en el fondo del bote. Dudley reunió a los otros: si esperaban, morirían los cuatro; si actuaban, sobrevivirían tres. Apeló a la "costumbre" no escrita del mar y propuso echar a suertes quién acababa con el chico. Brooks se negó; Stephens dudó. Al amanecer del día veinte, el capitán rezó, le pidió perdón al grumete y le clavó una navaja en la yugular. Sobrevivieron con su carne y su sangre cuatro días más, hasta ser rescatados por un barco alemán.Volvieron a Inglaterra convencidos de que les recibirían como héroes. Dudley contó todo ante las autoridades sin esconder nada, seguro de que la costumbre del mar los amparaba. La prensa los recibió con compasión y se llenaron las colectas. Pero un fiscal decidió que aquello no era una costumbre, sino un asesinato, y los procesó. El juicio partió al país en dos: medio Reino Unido pedía la horca y el otro medio el indulto. Viejos lobos de mar decían que cualquiera habría hecho lo mismo; muchos sacerdotes los acusaban de ofender a Dios.Y hay una casualidad escalofriante. Cuarenta y seis años antes, en 1838, Edgar Allan Poe había publicado su única novela larga, La narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket: un naufragio, cuatro hombres en un bote, hambre, sed, locura, y la decisión a suertes de comerse a uno de ellos… un grumete que también se llamaba Richard Parker.Sobre la casualidad no diremos mucho, pero del caso del Mignonette sí. Porque lo interesante no es que se comieran al grumete, sino que un mismo hecho pudiera verse desde marcos morales tan incompatibles que medio país pidiera una cosa y el otro la contraria. Y de eso vamos a hablar hoy: de cómo nuestros marcos morales definen nuestra manera de analizar el mundo.
273. #273 Historias kaizen: el genio olvidado de Claude Shannon
21:49||Season 8, Ep. 273📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/273-claude-shannon/Imagina esta escena. Es mediados de los años 50 y estamos en el que seguramente era el lugar más avanzado del mundo por entonces: los Bell Labs. Un sitio plagado de los mejores ingenieros del mundo. La gente que inventó el transistor, el láser, las células solares y buena parte de lo que después sería internet.Por uno de esos pasillo aparece un hombre delgado y despeinado, con la misma mirada que ponen los niños cuando se concentran en un juego difícil. Normal, porque el señor está montado en un monociclo. Y mientras pedalea hace malabares con tres pelotas.A su paso, sus colegas ni se inmutan. Llevan años acostumbrados.En su despacho le esperan algunos de sus juguetes. El más raro de todos es una caja de madera barnizada. Por fuera no tiene nada, sólo un interruptor. Si lo pulsas, la tapa se abre con un pequeño crujido, sale una mano mecánica, apaga el interruptor y se vuelve a esconder dentro de la caja. Eso es todo. Una caja que sólo sirve para apagarse a sí misma. Él la llama "la máquina definitiva".En otra mesa hay un ratoncito mecánico, hecho de cobre, con tres ruedas y unos bigotes de alambre. Se llama Teseo, en honor al héroe griego que se perdió en el laberinto del Minotauro. Pero este Teseo no se pierde. Cuando lo sueltas en un laberinto, la primera vez lo recorre como puede, chocándose con todas las paredes hasta encontrar la meta. Pero si lo vuelves a colocar al principio, va directo, sin equivocarse en una sola curva. Recuerda estamos en 1950, más o menos. Esto, por entonces, es casi ciencia ficción.Casi nadie que viera a este hombre, con su monociclo, sus malabares, su ratón mecánico y su caja inútil imaginaría que es, seguramente, el científico más influyente del siglo XX y uno de los más desconocidos. Sin él, seguramente no existiría nada de lo digital que hoy te rodea. Ni los móviles, ni internet, ni las redes WiFi, ni ninguno de los caminos que sigue este podcast hasta llegar hasta ti. Por supuesto, tampoco existirían las inteligencias artificiales de las que tanto hablamos últimamente. Hasta el punto de que una de las más conocidas lleva su nombre. Porque hoy, por fin, le dedicamos un capítulo a alguien que ha salido varias veces en el podcast: Claude Shannon.
Encuentro Universo 42: ¿Qué es la verdad?
01:10:39||Season 8📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/b009-encuentro-universo-42-que-es-la-verdad/Hace unas semanas te contaba que lanzábamos un proyecto llamado Universo 42, una comunidad abierta, con formación y contenidos de divulgación, para personas que quieren pensar mejor. Bueno, pues el capítulo de hoy es especial, porquete traigo el primer encuentro online que organizamos en Universo 42. Nos juntamos los cuatro profes de las formaciones que ya hemos lanzado a charlar sobre un tema sencillito: «La verdad». Así, para abrir boca.Y la verdad es... que acabamos sin ponernos de acuerdo si quiera en si Brad Pitt es o no es guapo. Porque hablamos de cómo la verdad es una construcción humana necesaria aunque cambiante. Hablamos de lo mucho que nos cuesta cambiar de opinión y hasta dónde nos autocensuramos en el día a día.Y aunque al principio es un tema profundo y un poco metafísico, al final se nos hizo tan corto que dejamos melones abiertos de dimensiones descomunales para la próxima, como los límites de la libertad de expresión o la necesidad de optimismo en la sociedad.Y no me voy a extender más, porque lo que importa es la conversación y esta creo que merece mucho la pena. Ojalá la disfrutes tanto como nosotros.
272. #272 Las 1000 caras de Dios
19:33||Season 8, Ep. 272📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/272-las-1000-caras-de-dios/Hoy vamos a intentar caminar por una línea delgada y bastante peligrosa: la de reflexionar sobre Dios tratando de no ofender a nadie.Y vamos a arrancar con la historia de alguien que no consiguió hacerlo. Nos vamos al 27 de julio de 1656 a Amsterdam.Más concretamente, vamos a la sinagoga Talmud Torah, en el barrio judío de la ciudad, donde se ha reunido un buen grupo de personas.El ambiente es incómodo. A un lado hay un joven de 23 años. Al otro, todos los líderes de la comunidad, con un documento que han redactado con mucho cuidado y bastante rabiaEse documento es el cherem, la excomunión judía, más dura que habían dictado jamás en aquella comunidad. Era una excomunión total. Absoluta. Nadie podía hablarle. Nadie podía hacer negocios con él. Nadie podía acercarse a menos de dos metros de su cuerpo. Nadie podía leer nada que él hubiera escrito. Y todo eso incluía a su familia.Condenaban a ese joven por haber cometido «horribles herejías» y «actos monstruosos». Pero no especifican cuáles. No hay cargos concretos. De hecho, los historiadores llevan siglos buscándolos y siguen sin encontrarlos. Hoy, casi 400 años después, nadie sabe con exactitud qué dijo o hizo aquel joven para merecer aquello.Lo que sí sabemos es cómo respondió.No se desdijo. No pidió perdón. No se arrodilló. Salió de aquella sala y se fue a vivir a una habitación pequeña en las afueras. Y empezó a escribir.Pero no escribió contra Dios. Eso hubiera sido demasiado predecible. Lo que hizo fue algo mucho más raro: reimaginar a Dios desde cero. Construir uno propio, con herramientas de filósofo y de matemático. Un Dios que no elegía a ningún pueblo, que no partía mares, que no escuchaba rezos ni castigaba pecados. Un Dios que era exactamente lo mismo que el universo entero. Las leyes de la física. El océano. El árbol que crece en el jardín. Tú, en este momento, escuchando esto.En una ocasión, un rabino le preguntó al físico más famoso del mundo si creía en Dios. El físico se llamaba Albert Einstein. Y respondió: «Creo en el Dios de Spinoza».Porque así se llamaba aquel joven de veintitrés años. Baruch Spinoza.Y ahora, una pregunta: ¿era Spinoza creyente o ateo?