{"version":"1.0","type":"rich","provider_name":"Acast","provider_url":"https://acast.com","height":250,"width":700,"html":"<iframe src=\"https://embed.acast.com/$/632ba785adacbe0013e487f9/6acd2301eea51f2aa3833ca3?\" frameBorder=\"0\" width=\"700\" height=\"250\"></iframe>","title":"Begotten","thumbnail_width":200,"thumbnail_height":200,"thumbnail_url":"https://open-images.acast.com/shows/632ba785adacbe0013e487f9/1791828815038-30c3dff1-5b91-468a-a7ae-43d3fc4bdfcf.jpeg?height=200","description":"<p>¿Qué queda del cine cuando le quitamos las palabras? Hay películas que nos cuentan una historia, hay películas que nos hacen pensar, hay películas que nos conmueven, nos entretienen, nos permiten escapar durante un par de horas de aquello que llamamos realidad y después están las películas que parecen preguntarse si todavía sabemos mirar, películas que no quieren expresarnos lo que estamos viendo, que nos ofrecen personajes con los que no nos podemos identificar, que no construyen un mundo reconocible, que no nos dan un héroe, una moraleja, una respuesta, ni siquiera la seguridad de que estamos entendiendo correctamente lo que ocurre frente a nosotros. Películas que parecen haber sido desenterradas como si alguien hubiera encontrado una cinta enterrada durante miles de años, la hubiera colocado en un proyector y hubiera descubierto en lugar de una historia, un registro de una ceremonia que nunca debimos presenciar. Eso es Bigotten, una película de 1989 realizada por E. Elia Marige, que se ha convertido en una de las experiencias más radicales del cine experimental y de culto, una obra en blanco y negro, sin diálogos convencionales, construida a partir de imágenes de una violencia física y simbólica extraordinaria, una película en la que Dios se destruye a sí mismo, de esa destrucción emerge la tierra y de la madre tierra nace una criatura que parece cargar con la promesa de una nueva experiencia, pero que termina atrapada en un ciclo de crueldad, sacrificio y destrucción.</p><p>No hay una explicación que nos permita acomodar tranquilamente estas imágenes, no hay una voz que nos diga qué significa cada gesto, no hay una música convencional que nos indique cuándo sentir tristeza, cuándo experimentar miedo o cuándo debemos comprender que algo importante ha sucedido. Lo que tenemos es un cuerpo, un cuerpo que se abre, una tierra que engendra, una criatura que sufre, una comunidad que destruye aquello que no comprende. Iniciamos.</p>","author_name":"Nayeli Lima"}