{"version":"1.0","type":"rich","provider_name":"Acast","provider_url":"https://acast.com","height":250,"width":700,"html":"<iframe src=\"https://embed.acast.com/$/632ba785adacbe0013e487f9/6a70cde262888a8235b32573?\" frameBorder=\"0\" width=\"700\" height=\"250\"></iframe>","title":"Señoritas","thumbnail_width":200,"thumbnail_height":200,"thumbnail_url":"https://open-images.acast.com/shows/632ba785adacbe0013e487f9/1785777660244-7524d64e-8001-4e2f-9c34-2b0488ac33b9.jpeg?height=200","description":"<p>¿Cuándo dejamos de creer que una mujer puede volver a empezar? Hay preguntas que pocas veces nos hacemos, no porque sea difícil, sino porque nos incomoda. ¿En qué momento decidimos que la vida tiene una fecha de caducidad? No hablo de la muerte, hablo de otra clase de final, ese momento en el que la sociedad parece decirnos ya viviste suficiente, ahora solamente acompaña, ahora solamente cuida, ahora solamente espera. Y esa sentencia suele caer con una frecuencia desproporcionada sobre las mujeres, porque durante siglos la cultura les ha enseñado que su existencia está marcada por etapas muy precisas, primero son hijas, después estudiantes, más tarde esposas, luego madres, cuidadoras y abuelas.</p><p>Y cuando todas esas funciones parecen cumplidas, parece que ya no queda nada más por descubrir. Como si el deseo tuviera fecha de vencimiento, como si la curiosidad desapareciera con las primeras canas, como si el cuerpo envejecido ya no mereciera ser mirado, como si el placer perteneciera únicamente a los jóvenes. Y el cine durante mucho tiempo reforzó esa idea.</p><p>Si pensamos en la historia del cine, encontramos películas sobre hombres que envejecen, hombres que se reinventan, que encuentran un nuevo amor a los 60, que inician aventuras a los 70, que descubren un propósito a los 80. Pero ¿cuántas películas recuerdan ustedes sobre mujeres de 70 años que todavía desean bailar, que todavía desean enamorarse o sentirse atractivas, que todavía desean vivir? Muy pocas. Y precisamente por eso existe Señoritas.</p><p>No parece contar una gran historia extraordinaria, sino más bien parece algo mucho más difícil de contar. Mostrar que la vida cotidiana también puede convertirse en una revolución, porque a veces la mayor rebeldía no consiste en cambiar el mundo. Consiste simplemente en permitirnos volver a ser nosotros mismos.</p>","author_name":"Nayeli Lima"}