{"version":"1.0","type":"rich","provider_name":"Acast","provider_url":"https://acast.com","height":250,"width":700,"html":"<iframe src=\"https://embed.acast.com/$/631aaec62f2009001277effb/63225571c7188800136c24fa?\" frameBorder=\"0\" width=\"700\" height=\"250\"></iframe>","title":"Ma Elena Walsh - De mis tiempos","thumbnail_width":200,"thumbnail_height":200,"thumbnail_url":"https://open-images.acast.com/shows/631aaec62f2009001277effb/1662822891438-9b285fcd638197faa5f3ef75faae5f01.jpeg?height=200","description":"<p>En mis tiempos había tiempo.</p><p>Recuerdo bien que por ejemplo</p><p>la higuera derramaba esparcimiento</p><p>y una rosa nos duraba</p><p>mucho más que cualquier empleo.</p><p>Por otra parte las siestas</p><p>se pedían prestadas a la muerte.</p><p><br></p><p>Quizás el tiempo era como las frutas,</p><p>se regalaba a los vecinos</p><p>después de verlo madurar.</p><p>Se compartía en las veredas,</p><p>entre abanicos y señores</p><p>de sosegada camiseta,</p><p>mientras parsimoniosamente</p><p>iban escobas y venían</p><p>amontonándolo como importante.</p><p>Y la eternidad, sentadita</p><p>en su silla de paja, porque sí.</p><p><br></p><p>Es que era siempre tan temprano</p><p>y tan segura la abundancia,</p><p>la inundación de treguas oportunas,</p><p>que se guardaba el tiempo en los sombreros</p><p>y un día se lo derrochaba todo</p><p>en un solo saludo, saludando.</p><p><br></p><p>Uno viajaba en libro a todas partes</p><p>y visitaba diferentes ocios:</p><p>el de al lado, el de enfrente, el de las tías.</p><p>No se había inventado</p><p>el maleficio de la prisa, no.</p><p>De ninguna manera. Los espejos</p><p>esperaban de sobra</p><p>que uno peinara su pausado pelo,</p><p>que uno se terminara de encontrar.</p><p><br></p><p>El tiempo era un perfume y no venía</p><p>nadie a medirlo ni guardarlo en cajas.</p><p>Los trenes todo lo que hacían</p><p>era aludirlo en los horarios.</p><p><br></p><p>Se podía llorar a gusto</p><p>porque eran lentos los rincones,</p><p>o quizás porque había aún macetas</p><p>donde depositar una lágrima</p><p>sin que las flores se opusieran.</p><p>O porque la llovizna hablaba</p><p>en un idioma sin resentimiento.</p><p><br></p><p>Todos usaban tiempo y lo perdíamos,</p><p>cómplices de su lujosa concurrencia,</p><p>y hasta el hastío</p><p>era un modo de ser de los balcones</p><p>que enternecía delicadamente.</p><p><br></p><p>Creo que todavía queda un poco</p><p>de tiempo verdadero, pero lejos.</p><p>Pero muy lejos, en algunos patios,</p><p>refugiado en aljibes.</p><p>Se queda todavía en niños solos</p><p>que reinan sobre umbrales</p><p>y en la lustrada majestad del gato.</p><p>Supongo, ya no sé, nada sabemos.</p><p><br></p><p>Tiempo sin ser castigo.</p><p>Yo llegué a conocerlo: está enterrado</p><p>en lo más vivo de mi corazón.</p><p><br></p><p>Después vinieron los relojes.</p>","author_name":"R"}