{"version":"1.0","type":"rich","provider_name":"Acast","provider_url":"https://acast.com","height":250,"width":700,"html":"<iframe src=\"https://embed.acast.com/$/6014476bb59dce013529a84c/6205391037e5100012f5fb0d?\" frameBorder=\"0\" width=\"700\" height=\"250\"></iframe>","title":"¡Dichosos!","thumbnail_width":200,"thumbnail_height":200,"thumbnail_url":"https://open-images.acast.com/shows/6014476bb59dce013529a84c/1644509254636-3553e5028cbd02f7c09d51123f1badf9.jpeg?height=200","description":"<p><br></p><p>Paz y bien. En este sexto domingo del tiempo ordinario, les comparto mi mensaje: <em>¡ D I C H O S O S… !</em></p><p>&nbsp;</p><p>Los profetas denuncian las componendas humanas de los jefes del pueblo que les impiden poner su confianza en el Señor. Están convencidos de que, confiar en el hombre, lleva a la esterilidad, a la muerte; mientras que la confianza en el Señor, lleva a la fecundidad, a la vida. Es claro, en esta disyuntiva, que solo en el Señor podemos confiar nuestra vida, sobre todo en nuestra fragilidad y lo vano que resulta el orgullo. (Jeremías 17,5-8). Reafirmamos con el salmo 1: Dichos el hombre que confía en el Señor.</p><p>&nbsp;</p><p>Jesús expresa esto mismo en las bienaventuranzas. Utiliza un código muy distinto al de nuestra sociedad, porque proclama dichosos a los que el mundo desprecia. Es el programa del Reino que comienza con Él y propugna un cambio radical de mente y de corazón, que cambia profundamente la suerte de aquellos que lo acogen. Dios tiene unas preferencias muy distintas a las de nuestro mundo. Los pobres, los hambrientos, los que lloran y los que son perseguidos, son verdaderamente dichosos en el Señor, mientras que los ricos, los consolados, los saciados, los que ríen, no tienen espacio para Dios y se quedan vacíos (Lucas 6,17.20-26).</p><p>&nbsp;</p><p>La resurrección de Cristo es el fundamento sólido también para nuestra vida, que nos abre a la esperanza. Cristo ha resucitado, el primero de todos y, unidos a Él, tenemos ya la alegría de sentir su vida en nosotros y estar abiertos a la gran dicha de resucitar un día con Él (1Corintios 15,12.16-20).</p><p>&nbsp;</p><p>La actitud típica de nuestro tiempo es, según el Papa Francisco, la autorreferencialidad. El hombre centro de todo, fin en sí mismo, referencia última. Orgulloso, satisfecho de sí mismo, pone todo lo demás a su servicio, en función de su personal satisfacción. Qué pena que con ello se agota en dar vueltas sobre sí y se pierde la riqueza de la apertura en el amor hacia los demás y hacia Dios. Difícil encontrar así la felicidad madura, su dicha se agota en lo rutinario y gris de cada día.</p><p>&nbsp;</p><p>Muy distinto es lo que nos propone el Señor para encontrar la dicha y la plenitud, justamente lo contrario, descentrarse para tener un corazón pobre y necesitado de Dios y de los demás, para que su hambre y su llanto pueda colmarlos en Dios, que será su fortaleza también en la persecución. El que está satisfecho y saciado de sí mismo no tiene espacio para nadie más en su vida y en eso se agota. El que abre su vida a Dios y a los demás es inundado con la dicha del amor, unido a su fuente, que es el amor entregado de Cristo cuyo culmen es la resurrección.</p><p>&nbsp;</p><p>Pidamos al Señor que nos introduzca en el misterio de su dicha, que viene de conectar con sus preferencias y dejarse conformar por la lógica de su misericordia, acoger su Reino y ponernos a su servicio, de hacernos pequeños como Él desde un amor grande, de compartir y cargar con los sufrimientos de los demás unidos a la cruz de Cristo. Así seremos verdaderamente dichosos, no porque la suerte humana nos sonría un momento, sino, porque sentiremos la abundancia del amor de nuestro Dios que nos colma de su Vida. Él será nuestra riqueza, la que nadie nos puede quitar, será el pan que nos sacia, la alegría sin fin en medio de la persecución y nos hará dicha y bendición para los demás en una espiral de alegría con sabor de eternidad. </p><p>&nbsp;</p><p>Estamos culminando el Jubileo diocesano con ocasión del Centenario de la creación de nuestra amada Diócesis de Alajuela. Peregrinan hacia la catedral fieles de las distintas vicarias diocesanas, los grupos y movimientos, la vida consagrada. Culminamos la celebración centenaria el próximo día 16 y continuamos con fuerza el discernimiento diocesano. El Señor les bendiga junto a sus familias.</p><p>&nbsp;</p><p><br></p>","author_name":"Monseñor Bartolomé Buigues Oller"}