{"version":"1.0","type":"rich","provider_name":"Acast","provider_url":"https://acast.com","height":250,"width":700,"html":"<iframe src=\"https://embed.acast.com/$/6014476bb59dce013529a84c/61fd6446d473430013df590f?\" frameBorder=\"0\" width=\"700\" height=\"250\"></iframe>","title":"¡Pescadores de Hombres!","thumbnail_width":200,"thumbnail_height":200,"thumbnail_url":"https://open-images.acast.com/shows/6014476bb59dce013529a84c/1643996126498-c7ba7c058630b7c01a8da1f712619e4f.jpeg?height=200","description":"<p>Paz y bien. En este quinto domingo del tiempo ordinario, les comparto mi mensaje: <em>¡PESCADORES DE HOMBRES… !</em></p><p>La pasión de Dios ha sido siempre liberar al hombre, salvarlo de las limitaciones que le impiden vivir en la dignidad de hijo suyo. Y lo ha hecho a través de personas, por tanto, limitadas, como es el caso de Isaías (6,1-8). No es esto obstáculo para Él porque, con su fuerza, purifica y prepara a sus elegidos para la misión que quiere encomendarles. Por parte de éstos, cuando se experimentan insertos en ese misterio de amor de Dios y aun siendo conscientes de su pequeñez, no pueden menos que abandonarse en sus manos como instrumentos para el designio de Dios. </p><p>&nbsp;</p><p>Jesús continúa el designio amoroso del Padre, llama a los que quiere en el contexto de un encuentro, de compartir vida con Él. Los invita a ir mar adentro, ensancha sus expectativas, los abre a la grandeza de sus designios. Y cambia así su vida y su misión, los hace pescadores de hombres. Sacar del mar, que los judíos consideraban escenario de las fuerzas del mal, es liberar. Les llama a ser liberadores de los hombres atenazados por el mal. Por hacerlo en su nombre y con su fuerza, da fecundidad a su labor, llena una barca repleta de peces. Esos sencillos pescadores no salen de su asombro y siguen a Jesús compartiendo su misión (Lucas 5,1-11). </p><p>&nbsp;</p><p>Pablo custodia y recuerda el evangelio, la Buena Noticia que ha recibido del Señor y de los apóstoles, el único camino de salvación. Es Cristo que murió por nuestros pecados y nos ha liberado definitivamente del mal. Él mismo se reconoce pecador, pero alcanzado por la gracia de Dios que le ha convertido en un gran apóstol (1Corintios 5,1-11).</p><p>&nbsp;</p><p>También hoy hay gran urgencia de pescar hombres de los grandes “mares”, dinámicas de mal que pretenden esclavizar y alienar a la persona. Manipulaciones de todo tipo que pretenden ponerla al servicio de intereses utilitaristas y partidistas, ideologías que deshumanizan y degradan, la trata de personas que es la esclavitud moderna, las discriminaciones por cualquiera de las razones, los atentados contra la vida, los abusos, explotaciones, la miseria que obliga a vivir en condiciones infrahumanas… </p><p>&nbsp;</p><p>Es el Señor el que sigue liberando y salvando, pero lo hace a través de los que elige y envía, en la medida que están unidos a Él. Su grandeza no le impide hacerse cercano a nosotros y solicitarnos con su amor. Eso sí, amplía decisivamente su horizonte, les abre a perspectivas totalmente nuevas, les participa una misión insospechada para ellos: su plan de salvación. No es obstáculo para Dios la limitación, el pecado del enviado porque, en orden a la misión, purifica y capacita al elegido para ir y actuar en su nombre, para continuar su acción misericordiosa. Por eso su acción produce un fruto abundante. </p><p>&nbsp;</p><p>De esta forma, se da continuidad al designio amoroso de Dios de liberar al hombre. El Señor no es indiferente ante el mal que oprime y esclaviza, sino que actúa con fuerza en nuestra cotidianidad para desinstalarnos, remar mar adentro, implicarnos en la realización de sus designios de amor. Somos el pueblo, la iglesia que el Señor ha convocado para continuar su misión. No dejará que nuestro horizonte se agote en la pesca rutinaria de cada día, sino que nos lanzará a ser pescadores de hombres. Y veremos la grandeza de su manifestación en nosotros en la liberación de tantos que son ganados para Él.</p><p>&nbsp;</p><p>Hemos vivido la primera formación diocesana sobre la temática que nos guía este año: los signos de los tiempos, en la dinámica de discernimiento eclesial. Oramos por los consagrados que, con ocasión de su Jornada, han tenido un bonito encuentro fraterno. Estamos viviendo hoy la jornada electoral, pidamos que sea expresión de madurez cívica y nos una en el compromiso por un país mejor. El Señor les bendiga junto a sus familias.</p><p>&nbsp;</p><p><br></p>","author_name":"Monseñor Bartolomé Buigues Oller"}