{"version":"1.0","type":"rich","provider_name":"Acast","provider_url":"https://acast.com","height":250,"width":700,"html":"<iframe src=\"https://embed.acast.com/$/6014476bb59dce013529a84c/61bbf2b5d2c9ae0014417b75?\" frameBorder=\"0\" width=\"700\" height=\"250\"></iframe>","title":"¡Dios visita a su Pueblo!","thumbnail_width":200,"thumbnail_height":200,"thumbnail_url":"https://open-images.acast.com/shows/6014476bb59dce013529a84c/1639707010892-afca234669b7924ba5d28206ee55fbde.jpeg?height=200","description":"<p>Paz y bien. En el itinerario del tiempo de adviento les comparto mi mensaje: ¡ VISITA A SU PUEBLO… !</p><p>Cuando Israel, concretamente Judá, donde se encuentra Belén, atraviesa una gran infidelidad y experimenta la derrota de su rey, Dios se procura un resto que se salvará y del que saldrá un Rey. Su origen es eterno, aludiendo a la dinastía de David, nacido en Belén, pero superándola definitivamente. El Rey futuro será Pastor de su pueblo con el poder de Dios, un poder universal. No sólo traerá la paz, sino que él será la Paz. Su nacimiento significa la presencia de Dios que vence la infidelidad del pueblo y lo convoca de todas las naciones. El signo será una madre que da a luz (Miqueas 5,2-5). Es la petición del salmista: restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (Salmo 79).</p><p><br></p><p>María, portando ya en su seno a Jesús, es el signo cumplido anunciado por el profeta. La visitación que realiza a la familia de Juan el Bautista, Zacarías e Isabel, es la visita del Señor a su pueblo. María está íntimamente unida a esta visita salvadora, que tiene su continuidad en la visita a todos los hombres, como sucede en la vida de la Iglesia. María es la que ha creído y ha posibilitado que el Señor haga su obra en ella. Juan el Bautista, representante del pueblo expectante, se estremece ante la manifestación de Dios en Jesús que trae la salvación definitiva para la humanidad (Lucas 1,39-45).</p><p><br></p><p>Ya desde su encarnación, Cristo, de naturaleza divina, se ofrece como víctima. Es su oblación lo que nos santifica y salva, unida luego a la ofrenda de su cuerpo en la cruz, que da paso a su resurrección (Hebreos 10,5-10).</p><p>También ahora que, aun viviendo geográficamente cerca, nos hacemos cada vez más lejanos unos para otros; que se dificulta tanto la solidaridad y cunden los desequilibrios, aun en un mundo globalizado; cuando estamos tan interconectados en la era digital y cuesta tanto una comunicación de calidad que nos haga sentirnos hermanos y estimar la casa común…&nbsp;nuestro Dios nos responde haciéndose cercano, visitándonos, comunicándose y dándose en Jesús para que, en Él, nos sintamos familia.</p><p><br></p><p>María es el instrumento elegido para favorecer esa cercanía de Dios en Jesús y expresa las actitudes necesarias para que nosotros podamos hacer lo mismo: sencillez, apertura, capacidad de escucha, disponibilidad, servicio, situarse en salida, ser portadores de Cristo a todos, como ella lo llevó, comunicar las maravillas que, sentimos, está realizando el Señor en nosotros. Dichosos seremos, como ella, si creemos, porque, lo que dice el Señor, se cumple.&nbsp;</p><p><br></p><p>Es necesario tener la mente y el corazón abiertos para acoger la manifestación de Dios en Jesús. Al igual que los israelitas de su tiempo podemos tener ideas preconcebidas de Él que nos impidan acogerlo en toda su realidad. Allí donde pensamos en soluciones mágicas a nuestros problemas Él nos visita para que en su amor tengamos el ambiente para crecer; allí donde nos habituamos ya a la insolidaridad y los desequilibrios, Él quiere convocarnos en una gran familia en la que podamos sentirnos y vivir como hermanos junto a todo lo creado; allí donde parecen acabadas las utopías y las esperanzas para nuestro mundo, Él quiere ser nuestra Paz e ilusionarnos para caminar hacia un mundo distinto que ya está gestándose entre nosotros. ¡Bendita visita de nuestro Dios en Cristo!</p><p><br></p><p>Estamos ya en la novena de Navidad. La Iglesia nos presenta los acontecimientos más importantes en torno al nacimiento de Jesús. Admirémonos ante la actuación portentosa de nuestro Dios a lo largo de los siglos para salvarnos, culminando en la venida de Cristo a través de esa criatura llena de gracia que es María. Realicemos las posadas como una ocasión para hacer memoria de todo esto y convocarnos como familia, para disponernos a celebrar, con gozo, la Navidad. El Señor les bendiga junto a sus familias.</p><p><br></p><p>&nbsp;</p><p><br></p>","author_name":"Monseñor Bartolomé Buigues Oller"}