{"version":"1.0","type":"rich","provider_name":"Acast","provider_url":"https://acast.com","height":250,"width":700,"html":"<iframe src=\"https://embed.acast.com/$/6014476bb59dce013529a84c/61b2d72fc77fb70012caee5b?\" frameBorder=\"0\" width=\"700\" height=\"250\"></iframe>","title":"¡ESTEN ALEGRES!","thumbnail_width":200,"thumbnail_height":200,"thumbnail_url":"https://open-images.acast.com/shows/6014476bb59dce013529a84c/1639110150856-b14485b6641c5fc552baecccc54febe0.jpeg?height=200","description":"<p>Paz y bien. En el itinerario del tiempo de adviento les comparto mi mensaje: <em>¡ ESTÉN ALEGRES… !</em></p><p>&nbsp;</p><p>La intervención del Señor es causa de una alegría profunda para el pueblo. Se había sentido abandonado y castigado por su pecado, conquistado y deportado por sus enemigos. Pero el Señor interviene para restaurar su dignidad, cancela su condena, vence a sus enemigos y reina en medio del pueblo venciendo todo temor. Pueden estar tranquilos porque los defiende el Señor como un guerrero que salva, se goza y se complace en el pueblo restaurado, lo ama y hace fiesta (Sofonías 3,14-18). Hasta gritar de júbilo, porque el Señor se manifiesta grande (Isaías 12,2-3).</p><p>&nbsp;En el nuevo testamento se cumplen las expectativas de los profetas. El Mesías está a las puertas para restaurar plenamente al pueblo, no ya con medios humanos, sino con la acción del mismo Dios. Es la Buena Noticia que comunica Juan el Bautista, el precursor, invitando a una conversión, por el baño en el agua del Jordán, que disponga para acoger a Cristo, en el que se inaugura un bautismo de Espíritu Santo y fuego. Las actitudes necesarias para acogerlo van en torno al amor al prójimo que deriva, claro está, de la acogida de la acción de Dios en Jesús (Lucas 3,10-18).</p><p>&nbsp;</p><p>También San Pablo exhorta a los primeros cristianos a la alegría porque el Señor, su segunda venida, está cerca. Es ese el motivo de la esperanza que ilumina todo el actuar. Mientras llega ese día hay que estar libres de toda preocupación y ansiedad que puedan empañar el gozo y perturbar la paz (Filipenses 4,4-7).</p><p>&nbsp;</p><p>La alegría es fruto del reconocimiento de la acción del Señor que libera profundamente. Libera de la culpa personal y de las propias heridas que nos atenazan. Libera de la necesidad de satisfacer las expectativas de los demás, de ceder a los chantajes de la sociedad de consumo y a los imperativos de la moda y de plegarse acríticamente a las tendencias sociales. Libera del miedo y de la soledad en que nos sume el abandonar al mismo Dios buscando ídolos ridículos que nos alienan…</p><p>&nbsp;</p><p>Pero no se puede acoger la acción de Dios sin una disposición al cambio profundo de vida, de actitudes, de proyecto vital. Es lo que originó en nosotros, ya en los tiempos mesiánicos inaugurados por Cristo, el bautismo, don del Espíritu que nos incorporó a Cristo para morir con Él al mal y al pecado que causa muerte y renacer a la vida nueva. Brota de ahí una exigencia ética de compromiso con la justicia: compartir solidario con los más pobres, ruptura con la corrupción, apertura al encuentro fraterno....</p><p>&nbsp;</p><p>Solo el Señor es la causa de nuestra alegría. Todo temor es vencido cuando nos convencemos por fe de que Él reina en nosotros y avanza su reinado en nuestro mundo, que es la roca firme sobre la que podemos edificar nuestra vida, que es el único que nos ofrece la salvación, la vida plena que anhela nuestro corazón. Es la conciencia de ser amados por El y tratados con misericordia, de forma incondicional, lo que hace brotar la alegría, cuyos frutos son la seguridad de sabernos en sus manos, la paz y armonía con nosotros mismos y con el entorno, la comunión con Dios y con los demás.</p><p>&nbsp;</p><p>En verdad podemos decir con el Papa Francisco que “la alegría del Evangelio&nbsp;llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).</p><p>&nbsp;</p><p>En este domingo&nbsp;“<em>gaudete</em>”, o de la alegría, se utiliza la vestimenta color rosa como signo de gozo porque ya está cerca el Señor. En la Corona de Adviento se enciende la vela rosada.&nbsp;Ojalá tengamos puesto el pasito y demás signos. Celebramos hoy a María que se apareció en Guadalupe, patrona de América. El Señor les bendiga junto a sus familias.</p><p>&nbsp;</p><p><br></p>","author_name":"Monseñor Bartolomé Buigues Oller"}